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Los secretos del beso negro

beso negro

Es una de las prácticas sexuales que más curiosidad despiertan. Y es que el ano sigue siendo un tema tabú para muchas personas. Hablamos del annilingus, conocido popularmente como beso negro. Es de sobra conocido que en esta zona del cuerpo se concentra un elevado número de terminaciones nerviosas, que pueden provocar grandes dosis de placer si se estimulan correctamente. Y la boca es una poderosa herramienta para llevar la excitación al límite.

Desde el punto de vista anatómico, esta área es muy similar a los genitales en cuanto a la sensibilidad y la capacidad de generar oleadas de placer. A pesar de las múltiples satisfacciones que puede ofrecer el annilingus, lo cierto es que muchas parejas rechazan este juego íntimo. Quizá porque en el subconsciente queda ese estigma histórico que arrastran este tipo de prácticas sexuales.

Precauciones

Como comentábamos, la estimulación anal provoca tanta atracción como recelo ante lo desconocido. Así las cosas, es fundamental que exista la suficiente confianza entre la pareja para practicar el annilingus. Porque, al igual que puede ofrecer mucho placer también puede causar dolor. Precisamente, esta mezcla entre gusto y daño es algo que destacan la mayoría de los adeptos al beso negro. Pero, dadas las características de esa zona, es fundamental adoptar ciertas precauciones antes de entrar en faena.

El entorno del ano es muy delicado y pueden producirse heridas muy pequeñas que, al estar en contacto con la boca (donde también puede hacer lesiones), pueden transmitir determinadas enfermedades, como la gonorrea, el herpes, la clamidia, el virus del papiloma humano (http://es.wikipedia.org/wiki/Virus_del_papiloma_humano), la hepatitis… Para prevenir estas patologías, es recomendable utilizar cuadrantes de látex, una especie de condones cuadrados que permiten practicar el beso negro con seguridad. Es verdad que son un poco incómodos, pero es el único método barrera que hay para hacer un annilingus sin correr riesgos.

Cuidar la higiene

Junto a la confianza, la higiene es el otro aspecto imprescindible a la hora de realizar un annilingus, que también es conocido como rimming. Después de haber estimulado esa zona, el miembro de la pareja que lo haya efectuado tiene que lavarse la boca (lo mismo sucede con el pene y los dedos en otras prácticas anales) si no ha utilizado un cuadrante de látex y quiere estimular la vagina.

De lo contrario, podrían producirse molestas infecciones en la cavidad vaginal. Respecto a las caricias, los fans de esta modalidad aconsejan trazar círculos con la lengua o masajear el área externa con los labios. Y es que es ahí donde se concentran las terminaciones nerviosas. No es necesario introducir la lengua en el orificio, puesto que la mayor excitación se produce al estimular los pliegues. En cualquier caso, esto queda a gusto del consumidor.

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