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Alimentos y comidas afrodisíacas

comidas afrodisíacas

Los que paséis cómodamente de la treintena u os acerquéis y superéis los 40 recordaréis el éxito que tuvieron los malagueños Danza Invisible con su tema “Sabor de amor”, una verdadera oda a las comidas afrodisíacas. Artistas como el cineasta Bigas Luna o el propio Salvador Dalí han mostrado en diferentes ocasiones su fe en el poder místico y erótico de la comida, muchas veces de manera directa o haciendo de los alimentos una metáfora visual de contenido sexual. El afrodisíaco es un componente que incrementa el apetito sexual y recibe su nombre de la diosa griega Afrodita. Sea con resultados fundados o por mero efecto placebo, lo cierto es que hay una serie de comidas y alimentos que pueden ayudarte a dar un extra de “picante” a tu vida sexual.

Sustancias afrodisíacas

Componentes como los bremelanotides, la crocina, la feniletilamina o la testosterona y la yohimbina son afrodisíacos más o menos “aceptados” como tales por la comunidad científica. Otros, como la mandrágora o la orchis mascula (flor de la familia de las orquídeas aptamente conocida como Satiricón) deben su poder afrodisíaco más bien a una creencia popular o de tipo folklórico.

Alimentos afrodisíacos

Hay una serie de comidas que pueden hacer verdaderos milagros a la hora de encender la chispa de tu pasión. Por ejemplo, un vaso de vino combinado con unas fresas logra que el efecto euforizante y de desinhibición del alcohol se potencie con lo sugerente de esta fruta. Las ostras y las trufas son alimentos que ya en tiempos de los griegos y romanos (que de erotismo, amén de otras muchas cosas, sabían un rato) destacaban por sus propiedades de activación sexual. Y es que las ostras son muy ricas en zinc y aspartato, componente y hormona fundamentales en la producción y liberación de testosterona. El anís, el chocolate (el calcio favorece la transmisión de los impulsos nerviosos), el ajo, la miel y la mostaza también se han empleado desde hace siglos como afrodisíacos por diferentes pueblos y civilizaciones.

Las primeras referencias escritas a los afrodisíacos las encontramos en Egipto, alrededor del año 2.000 a.C. Árabes, hindúes, griegos y autores romanos como Petronio también han glosado las bondades de la comida en su relación íntima (nunca mejor dicho) con la vida sexual. Y es que el sexo es una práctica vital que puede mejorar si paladeamos con cuidado y acierto algunas de las viandas que nos proporciona la madre naturaleza.

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